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Exguerrillero y expolicías pedalean por la reconciliación

Exguerrillero y expolicías pedalean por la reconciliación

La violencia en Colombia es pan de cada día. No hay un día que pase sin que se conozcan noticias sobre atentados, asesinatos y enfrentamientos entre la guerrilla, los paramilitares y las fuerzas armadas, algo que ha dejado miles de vidas perdidas, familias desamparadas, tristeza y lamentaciones.

Jhon Alexánder Castañeda, William Cegua y Jhon Martín han tenido su historia y, afortunadamente, tras esquivar las balas, pueden contarla.

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A los tres los unen varias cosas: son colombianos, vivieron en carne propia la guerra, estuvieron en combates, vieron morir a sus compañeros, tuvieron momentos difíciles, pero por esas cosas de la vida los unió el destino, el ciclismo, tras superar complicados episodios.

Castañeda fue combatiente de la guerrilla, luego fue al Ejército, una máquina trituradora de caucho le hizo perder la mano derecha, mientras que Cegua y Martín tuvieron que perder parte de la pierna izquierda, pero luego de recuperarse, de dejar atrás días bien difíciles, hoy comparten sus experiencias en el equipo de paraciclismo del Fundación Team Recapi -Llaneros, la primera escuadra del Meta, que busca enviarles un mensaje de reconciliación a todo un país.

Exguerrillero y exmilitar

Jhon Alexánder siempre ha tenido pasión por el ciclismo. Nació en la Unión, Valle, pero vive en Villavicencio. La separación de sus padres fue dura. No pudo soportarlo y tomó una mala decisión en su vida. Se dejó convencer y fue a parar a la guerrilla. Tenía solo 19 años y en la insurgencia pasó los siguientes dos.

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“Es un mundo oscuro. La guerrilla es difícil, pero menos mal reaccioné a tiempo. Me di cuenta de que eso no era para mí. Para ellos no existe Dios, a quien le pedí, una noche que estaba de guardia, que me ayudara a salir de ahí y lo cumplió. La verdad es que me he arrepentido de lo que hice”, le contó a EL TIEMPO.

Hizo parte del comando del bloque central. Distinguió a personajes nefastos para la historia de Colombia: el ‘Mono Joyoy’,’ Raúl Reyes’, el ‘Negro Acacio’. Las jornadas eran muy duras, los entrenamientos exigentes en la compañía Hernando González Acosta, que estaba en constantes movimientos por la selva de los Llanos Orientales.

Algún día se dio cuenta de que estaba cerca de Lejanías, Meta. Conocía, por eso su plan de escaparse comenzó a fraguarse. Era familiar el terreno, el caserío la Esperanza, el río Guape, que desemboca al Ariari, y se dijo: “Estoy en casa”.

Por esos días se presentó un fuerte combate con el Ejército. Los militares los tenían cercado. Castañeda se vio mal, temió lo peor, al darse cuenta de que el hombre más fuerte de su escuadrón le dijo que estaba todo perdido.

Vio compañeros caer, otros lloraban y hasta tuvo tiempo de decirle a una guerrillera que saliera a correr, que él le cuidaba la espalda.

Tomé la determinación de volarme, era ahí el momento. Me tiré por el barranco abajo. Me quité el fusil, el chaleco, lo dejé en el hueco y me quedé con una pistola.

“Uno de esos ‘Rambos’ me dijo que el tema estaba difícil y tomé la determinación de volarme, era ahí el momento. Me tiré por el barranco abajo. Me quité el fusil, el chaleco, lo dejé en el hueco y me quedé con una pistola. Bajé por el cañón y me venció el cansancio. Pasé la noche en el monte, solo. Me desperté como a las 5 de la mañana y seguí caminando, río abajo. Llegué al Castillo, a una casa y un anciano me ayudó, me dio comida, estaba hambriento y me dio las instrucciones de cómo llegar a Granada, y lo hice”, recordó Castañeda, de 35 años, padre de Juan Sebastián, de 10.

No se presentó al Ejército. Temió por su vida, porque la guerrilla, cuenta, busca a las personas que se entregan y las matan. Tiempo después, de no saber qué hacer con su vida, prestó servicio militar.

Guardó su secreto. Nunca contó que había estado en la guerrilla, pero debido a las agilidades que aprendió en el monte los superiores se dieron cuenta de sus excelentes movimientos.

En el Batallón de Infantería en Cimitarra, Santander, comenzaron a investigarlo. No era normal que un soldado tuviera ese desempeño y le tocó contar todo. No hubo represalias, lo apoyaron, pero su objetivo de ser soldado profesional se truncó, porque él tenía 25 años y solo pueden hacer parte de ese grupo personas hasta 24 años.
Se dedicó a buscar trabajo, tras volver al Meta, se instaló en Villavicencio y fue contratado en una fábrica de caucho.

En el 2010 llegó al turno. Eran como las 9 de la mañana, se fue la luz ese día, cuando volvió llevaban poco tiempo en su labor diaria, puso el producto en la bandeja, pero la máquina no lo agarró por completo. Jhon trató de coger el pedazo que estaba por fuera, hizo fuerza, la máquina le cogió el guante por el dedo pulgar derecho, no se pudo soltar y le absorbió el resto de la mano.

“En recuperación duré unos siete meses. No quería saber de nada, mantenía en una cama, en un toldo, no aceptaba visitas. Pensé y pensé, los días fueron pasando, me estaba hundiendo en ese fracaso. Mi papá siempre ha sido un hombre fuerte, no le gustaba la cobardía y eso me ayudó a superarme. Volví a salir, a hablar con la gente, a buscar un trabajo. Hoy, vivo en una invasión cerca del río Guatiquía, cultivo maíz, maracuyá, plátano, yuca, algo se vende y lo otro se lo come uno”, dice, convencido de que Dios siempre lo acompaña y le guía el camino.

Samuel Devia es el entrenador del equipo del Meta. Supo de las habilidades de Castañeda sobre la bicicleta y lo invitó a entrenar. Eso fue hace tres años y ya ha dejado atrás su pasado, mira al frente y aunque recuerda los malos momentos solo piensa en pedalear, entrenar duro para ser campeón mundial, para eso se levanta todos lo días.

Ilusiones perdidas

Martín trabajó en grupos operativos de contraguerrilla por todo el país. En el 2012 cayó en un campo minado, en el Putumayo. Ese día, a las 7:15 de la mañana y luego de la oración tradicional, salió a acompañar a los erradicadores de cultivos ilícitos. No habían pasado cinco minutos cuando en la parte alta de la parcela de coca sintió un fuerte sonido. No se dio cuenta dónde pisaba y cayó. Volvió en sí y se dio cuenta de que la pierna izquierda estaba destruida, el brazo izquierdo se le partió, la tibia derecha se fracturó y el colon se le reventó por la metralla.

Tuve que afrontar varios problemas de depresión, la discapacidad me pegó duro, uno se siente menos, pero conocí el deporte y salí adelante

“Fui trasladado a Puerto Asís, Meta, me estabilizaron y en un avión ambulancia de la policía a Bogotá al Hospital central de la Policía. Fue dura la recuperación, terrible, no podía comer, tomar nada, duré un mes con una laparotomía. Corrí peligro de quedar con una bolsa, pero gracias a Dios todo salió bien. Tuve que afrontar varios problemas de depresión, la discapacidad me pegó duro, uno se siente menos, pero conocí el deporte y salí adelante”, recordó Martín.

Vive en unión libre con Sonia, hace tres años y tiene a Matías y Mateo, sus mellizos. “Sé que Castañeda estuvo en la guerrilla, pero mire, acá no hablamos de eso. Tampoco lo busco para eso, se le olvida a uno el tema. La vida es así, cero rencores, uno debe aprender a perdonar. A ellos les meten el cuento contra la policía, uno sabe y eso no le pone mucha atención”, concluye.

Cegua tiene 35 años, sin hijos. Vive en unión libre. Llegó al ciclismo porque se cansó de tener que subirse a un bus con su discapacidad y que la gente no lo ayudara, no le diera el puesto para sentarse. Por eso prometió irse al trabajo en bicicleta y ahí comenzó todo.

“Era difícil. Solo cuando comencé a ir en bus en bermudas fue cuando me pararon bolas y me colaboraban, de resto, era uno más”, dice. Fue soldado profesional cinco años. Cayó herido en un campo minado en una operación en San Calixto, Norte de Santander, el 11 de noviembre del 2007.

“Ese día teníamos que salir de la emboscada, el capitán nos dejó un día más y en ese relevo me ocurrió el problema. Había orden de irnos y caímos”, recuerda Cegua.
Y agrega: “El día anterior llegamos a las 6 de la tarde. No pudimos dar el golpe. Emboscamos el camino y al otro día el comandante de la brigada le dijo que retirara la tropa, pero eso no pasó, los relevamos y los que estaban emboscados se quedaban en el sitio, en esa maniobra activé el campo minado, fui el único que cayó”.

Miedo a todo

El sueño de ser soldado de élite se truncó en ese instante. Le amputaron el pie izquierdo en una operación en la Clínica Santa Ana de Cúcuta.

Psicológicamente se afectó. En un principio no quería que las ventanas estuvieran abiertas, le daba impresión que alguien botara granadas por ahí.

Lo más difícil al llegar al batallón fue encontrar más de 200 amputados, muchos en condiciones peores que la mía

“Lo más difícil al llegar al batallón fue encontrar más de 200 amputados, muchos en condiciones peores que la mía, la verdad, la saqué barata. No pude recuperar el rumbo de la vida, duré años sin saber qué hacer, no tenía obligaciones, sin hijos, sin mujer, me pensioné, no hacía efectivo lo que iniciaba, pero llegó el deporte”, dice.

Jugó fútbol, hizo natación, voleibol sentado, pero le incomodaba que eran deportes de conjunto, en los que se dependía de los demás y prefirió el ciclismo, que es mucho más individual.

“Me di cuenta que el ciclismo era lo mío. Muchos se inspiran cada mañana cuando me ven entrenando, los que van amargados se motivan. Mi objetivo es ir a competir en el exterior y los veo reflejados en la convocatoria del equipo”, precisa Cegua, que vive hace 12 años en Villavicencio.

“El primer mensaje que queremos enviar es que la reinserción, incluso desde el deporte, es la mejor apuesta por la paz. Este equipo es un hecho histórico. Destaco la alianza público-privada con el apoyo del Ministerio del Deporte para pedalear unidos”, comentó Juan Guillermo Zuluaga, gobernador del Meta.

Meta tiene su equipo, la Fundación Team Recapi-Llaneros, con 25 deportistas en su nómina: 6 ciclistas de élite, ocho Sub-23, seis damas y cinco paraciclistas. Todos quieren demostrar que se puede salir adelante, dejando el pasado atrás, una lección más de vida.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO
@LisandroAbel

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