Fuera de la Cancha Radio | ¿Cómo el gobierno británico espantó la Superliga? Real temor de clubes
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¿Cómo el gobierno británico espantó la Superliga? Real temor de clubes

¿Cómo el gobierno británico espantó la Superliga? Real temor de clubes

Vale quedarse con las protestas de los hinchas contra el club de sus amores, su exigencia de respetar el espíritu de la competencia y no imponerse a fuerza de dinero, los comunicados pidiendo perdón por una Superliga que antes sonó a mágica solución y ahora se califica como error.

Es más romántico pensar en esas motivaciones que en otras, tal vez más terrenales pero que, al final, tenían la misma motivación: impedir que se impusiera un nuevo torneo que excluía del lucrativo negocio a los más chicos y solo abría espacio a los de mejor billetera.

Pero la vedad es que cuesta creer que expertos en negocios como los americanos dueños del Arsenal, Liverpool o Manchester United, el ruso dueño del Chelsea, los ingleses del Tottenham o el árabe dueño del Manchester City de repente, revisando la tele y las redes sociales, entendieron que su super idea de facturar cuatro veces lo que ganan en la Champions League no era tan genial. ¿Qué los persuadió y los hizo salir en desbandada del ‘Florentino’s Championship’?

Tal vez pudo ser la reunión entre Boris Johnson, primer ministro británico, con los directivos de la FA y la Premier League en la que les prometió que bloquearía a los ‘Big Six’ si seguían adelante con la disidencia.

Pudo ser muy convincente su idea de «lanzar una bomba legislativa», como dijo el diario Daily Mail, para bloquear un torneo que, románticamente, acababa con 132 años de historia de la cuna del balompié mundial, y de paso, más pragmáticamente condenaba a los clubes más chicos a la desaparición, ya sin participación en un torneo donde solo tendrían cupo las estrellas y ellos perderían ingresos de TV, vitrina para la venta de jugadores, taquillas (cuando haya público) y mercadeo puro y duro.

Sabían los dirigentes que, con el estado de su lado, no habría enemigo suficientemente poderoso.

Y es que Johnson, según el citado medio, tenía un plan muy serio para atravesarse en el camino de Florentino… es decir, de la Superliga.

Su primera carta era introducir una «legislación específica para el deporte» que declarara a la Superliga europea es un cartel anticompetitivo y, por lo tanto, ilegal.

Y si había que ponerse agresivos, echar mano de los poderes disponibles desde Brexit para evitar que los jugadores extranjeros obtengan visas de trabajo y de viaje, evitando que las estrellas de esas seis potencias pudieran desplazarse a los juegos de la Superliga y evitando que los nuevos fichajes.

¿No era suficiente? El Ministerio del Interior podría retener los fondos y detener la vigilancia de los partidos, lo que haría imposible la celebración de los juegos e inclusive obtener un impuesto a las ganancias inesperadas «no eludible» del 100 por ciento de los ingresos televisivos, nada menos que el mayor ingreso en el fútbol.

Lo del gobierno británico era mucho más que mostrar los dientes o pedir diálogo, como hiciera el gobierno español. No sentía Johnson que tuviera nada que discutir o negociar y por eso no llamó a los presidentes de los clubes sino a los legisladores, a los ministros, a los más agresivos asesores legales. Y los dueños, que serán ambiciosos pero no tontos, hicieron el cálculo de pérdidas domésticas y en solo dos días, después de tres años de trabajo en la idea de la Superliga, se bajaron del torneo en desbandada. Otra vez, el dinero hizo la diferencia, pero ya no el de Florentino…

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