Fuera de la Cancha Radio | ¡Chelsea vence a Guardiola y al favoritismo y es campeón de Champions!
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¡Chelsea vence a Guardiola y al favoritismo y es campeón de Champions!

¡Chelsea vence a Guardiola y al favoritismo y es campeón de Champions!

No juegan los favoritismos, las estadísticas, ni siquiera los hinchas. Son 11 contra 11, esta vez en Do Dragao, y una combinación de sus virtudes y sus defectos, un pulso de talentos y, al fin, una pizca de fortuna que acaban inclinando la balanza, esa que esta vez se fue del lado del Chelsea, que supo superar primero y aguantar después al Manchester City para vencerlo por 1-0 y coronarse, por segunda vez en su historia ¡campeón de Champions League!

La historia tenía un lugar reservado para un tal Thomas Tuchel: sin las estrellas del PSG, lejos del glamour de París, lo estaba esperando la consagración en el frío y el cielo gris de Londres. Su toque hizo de Chelsea una máquina veloz y letal, a la que le agregó confianza, un coctel que se completó este sábado con la anhelada Orejona.

Trece minutos pasaron para los primeros acercamientos del que más proponía, el Chelsea: le salió un ‘rematito’ a Werner en el primero y se le estrelló en el palo, por fuera, el segundo ante Ederson. Y a los 16 les cabeceó el pequeño gigante Kante a los defensores del City, como un fantasma apareciendo desde atrás, sacando tiempo al gran sacrificio de la marca para ir también por el gol… es entendible, Werner en esa racha necesitaba ayuda.

Pero una vez, solo una se aproximó el City con claridad y fue pelota de gol: le quedó a Foden pero apareció la pierna salvadora de Rudiger para corregir toda la libertad de la que dispuso De Bruyne para la sutil asistencia. ¡Y el pánico que metía Walker al colarse por la banda y meter un centro al que no llegó ninguno de los suyos! Paciencia es la virtud que hace de los de Guardiola una amenaza latente: sabe esperar, aguantar y castigar.

Mientras, en la acera de enfrente, lo que no hacía Kanté no lo hacía nadie: a él le tocaba la salida para sacudirse un poco del dominio rival en un pase a Havertz que se desperdició por le eficiente marca local. La tristeza de la jornada vendría cuando caía al suelo Thiago Silva, el talismán de Tuchel, incapaz de seguir en el campo por lesión, terminando con amargura el sueño de una final de Champions, lo que a sus 37 años parecía algo así como ver pasar el último tren.

Para su alivio, en la cancha los suyos no lo iban a dejar morir: a los 42 vino el error que cambia todas las historias, el de los marcadores que dejaron escapar a Havertz por el medio sin oposición, para enfrentar a Ederson, quien hizo lo que pudo cuando el alemán, más vivo, le abrió la pelota y definió ante una puerta vacía. El pestañeo del City, que también puede ser letal.

Iba todo mal para el City volviendo del descanso, cuando perdía a De Bruyne (¡casi nadie!) por un violento choque con Rudiger, algo así como ser arrollado por un camión, y llegaba al juego Gabriel Jesus. Pedían un penalti por una mano que no era, un choque de rodillas lo protestaban con el alma, cada roce era un excusa para buscar un gol que no llegaba, con un Chelsea que se defendía sin pena, refugiado en su área, rechazando práctico y para algunos feo pero, al fin, eficiente. Como el bus de Mourinho, versión Tuchel.

La única sonrisa de la suerte era ese gol casi hecho a los 72 que desperdiciaba Pulisic y le daba vida a su rival. Pero después ya los siempre veloces hombres de Guardiola no lograban hacer diferencia y el reloj tenía puesta la camiseta más oscura en la cancha del Do Dragao.

Se sacudió de nuevo a los 89 Foden y metió un sustazo en el área de Mendy, que acabó rebotando afuera y saliendo sin peligro: porque para ser campeón hace falta que también la pelota juegue con la camiseta de los tuyos.

Y daban 7 minutos de adición, ¡siete!, y a semejantes alturas era otra vez el inconmensurable Kanté el que desactivaba las bombas, cortaba los cables en su zona y sometía a su rival. ¡la oreja derecha del trofeo, por lo menos, tiene que ser suya! Hacía lo suyo Mahrez al abrir mucho el remate a los 90+5 y ya no quedaba uña completa en la tribuna. 

No habría Agüero que funcionara y el reloj condenaría la aspiración de un Guardiola que otra vez se quedaba con las manos vacías en la Champions, a pesar de todos los millones y todos los esfuerzos. Al final, Chelsea le ganó bien. Ese consuelo le queda.

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